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Cíclicas denuncian la falta de educación menstrual y la normalización del dolor en la adolescencia en 2026

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Con motivo del Día de la Salud Menstrual (28 de mayo), se conversa con Julieta Martinelli, coordinadora del proyecto Rompiendo Reglas* de Cíclicas, sobre los retos que aún persisten: la falta de educación menstrual, la normalización del dolor, la vergüenza, los mitos y la pobreza menstrual. Una conversación sobre salud, derechos, igualdad y autonomía.

Rompiendo Reglas es un proyecto financiado por Educo y cofinanciado por la Unión Europea.

Para empezar, ¿por qué sigue siendo importante hablar de salud menstrual en 2026?

Todavía tenemos muchos motivos por los que hay que hablar de salud menstrual. Por ejemplo, la educación menstrual sigue sin estar integrada de forma estructural desde la infancia. Hoy, en 2026, seguimos sin tener un currículo educativo que incluya la salud menstrual en centros educativos. Lo que reciben infancias y adolescencias es, en el mejor de los casos, una charla puntual sobre biología reproductiva, y eso no es educación menstrual, sin una base sólida de educación menstrual, no tienen herramientas para filtrar qué es fiable y qué no.

Pero, más allá de la educación, sigue habiendo una enorme falta de investigación en todo lo relacionado con la salud femenina. La endometriosis, por ejemplo, tarda una media de 7 a 10 años en diagnosticarse. Eso son años de dolor normalizado, de que te digan “es normal, ya se te pasará”. Hemos normalizado tanto el dolor menstrual que muchas niñas y mujeres crecen pensando que sufrir cada mes es parte de lo normal, cuando muchas veces puede ser una señal de alerta.

Por ejemplo, en el estudio que hemos realizado desde Cíclicas (recogiendo información sobre la vivencias de la menstruación en centros educativos a docentes, familias y alumnado) hemos observado que el 53,8% de las familias cree que el dolor menstrual es algo normal. Si las familias lo normalizan, si la escuela no lo aborda, ¿quién le dice a una niña de 12 años que ese dolor que tiene cada mes quizás necesita atención médica?

Muchas personas piensan que la menstruación ya no es un tema tabú en España. ¿Cuál es la realidad que observáis desde Cíclicas?

Esa es una percepción muy generalizada, pero los datos dicen otra cosa. En nuestro estudio, con más de 300 niños y niñas e identidades no binarias de 8 a 17 años, hemos encontrado que el 72% acepta o no cuestiona que esté bien sentir vergüenza al hablar de la regla. Esto es 7 de cada 10 de las personas encuestadas.

Además hemos visto algo interesante y es que las adolescentes de 14 a 17 años son las que más normalizan esa vergüenza, con un 71% de acuerdo. Es decir, la vergüenza no se reduce con la edad, sino que se refuerza con la experiencia vivida a lo largo de los ciclos menstruales. Cuantos más años llevas menstruando en un entorno que lo estigmatiza, más interiorizas que es algo de lo que no hay que hablar.

En el día a día lo vemos constantemente: seguimos pasándonos una compresa de forma escondida, como si hubiera algo vergonzoso en ello, escondiendo que estamos menstruando en el trabajo o en aula, aguantando el dolor o molestias sin pedir lo que necesitamos.

¿Qué tipo de desinformación o mitos siguen apareciendo con más frecuencia en talleres y espacios educativos?

Aunque mucha gente cree que estos mitos ya desaparecieron, seguimos escuchando cosas como que si tienes la regla no deberías hacer deporte. Lo escuchamos en prácticamente todos los talleres, da igual la edad o el contexto. También sigue apareciendo mucho la idea de que la menstruación es algo sucio, que la sangre menstrual es diferente a otra sangre y que por eso hay que esconderla. Y por supuesto, que es un tema exclusivamente de mujeres, que los chicos no tienen nada que ver con esto.

También hay mitos más sutiles que cuesta más detectar: la normalización del dolor, nuevamente, (“eso es lo que toca, aguanta”), la idea de que no puedes bañarte o lavarte el pelo, o mitos relacionados con la sexualidad como que usar un tampón afecta a la virginidad o que no hay posibilidad de quedarse embarazada durante la menstruación han sido los más mencionados a lo largo de los talleres y entrevistas.

En vuestra experiencia, ¿cómo afecta la falta de educación menstrual al bienestar emocional y social de niñas y adolescentes?

En nuestro estudio, el 55% de las niñas sintió confusión en su primera menstruación y el 35% miedo. La alegría apenas llega al 8%. Cuando una niña de 10 años define su menstruación como “sufrimiento, dolor, cansancio, miedo”, o como “algo horrible, lo pasas fatal y ya”, aquí tenemos el resultado de no haber sido preparada para un proceso natural de su propio cuerpo.

Además, la falta de educación menstrual también tiene un impacto emocional muy claro. Si una adolescente no sabe que en la fase premenstrual es normal sentirse más cansada, más sensible, con menos ganas de socializar, lo que hace es culparse a sí misma: “¿qué me pasa?”, “¿por qué estoy tan rara?”, “soy un problema”. En cambio, si conoce su ciclo, puede entender que esos cambios tienen una base hormonal real, que no es ella el problema, y que en unos días se sentirá diferente. Ese conocimiento es liberador y convierte la confusión en comprensión y la culpa en autocuidado.

¿Qué papel tienen las familias en la construcción de una educación menstrual más sana y sin tabúes?

Las familias suelen ser el primer lugar donde una niña busca respuestas sobre la menstruación lo que las convierte en un actor fundamental.

El problema es que muchas familias quieren ayudar, pero no siempre pueden o saben cómo. El 60% de las familias de nuestro estudio reconoce haber sentido incomodidad al hablar de menstruación. Y más de la mitad cree que el dolor menstrual es normal, o desconoce que el ciclo tiene cuatro fases. Es decir, hay buena voluntad pero muchas veces falta formación.

Y hay un dato que me parece clave: el 92% de las familias apoya que la escuela aborde la menstruación. Están pidiendo ayuda. No quieren que sea solo responsabilidad suya, pero necesitan que alguien les acompañe también a ellas. Por eso desde Cíclicas trabajamos no solo con el alumnado sino con las familias, porque si el mensaje que compartimos en el taller se contradice con lo que escuchan en casa, avanzar es mucho más difícil.

¿Y qué papel deberían asumir los centros educativos?

Un papel mucho más protagonista del que tienen ahora. Nuestro estudio ha revelado que más del 80? los profesionales de los centros que hemos analizado no ha recibido ninguna capacitación sobre educación menstrual. Ni las mujeres ni los hombres. Y además ninguno de los centros estudiados cuenta con un protocolo específico para el abordaje de la menstruación.

Los centros educativos deberían incluir formación en educación menstrual tanto para el alumnado como para los docentes de una forma más integral y abarcativa. Sabemos que la voluntad está porque solo nos hemos encontrado con profesionales comprometidos y que reconocen la importancia de este tema, pero muchas veces no hay recursos suficientes. Desde Cíclicas vamos a los centros a dar talleres y charlas, porque hemos visto el impacto que tiene.

En tu opinión, ¿qué cambios urgentes hacen falta en España para garantizar una salud menstrual más digna e inclusiva?

A nivel legislativo, ha habido avances. España fue en 2023 el primer país de la UE en implementar una baja por regla dolorosa, y la Ley Orgánica 1/2023 establece que los centros educativos deben garantizar el acceso gratuito a productos menstruales. Pero la legislación sola no es suficiente si no se provee de recursos y se crea una cultura de salud menstrual a través de la educación y la sensibilización. Para que las leyes se cumplan necesitamos recursos.

Y ahí está el primer cambio urgente: recursos económicos para las entidades que tratamos de hacer llegar la educación menstrual a todos los ámbitos. Las organizaciones como Cíclicas estamos en las aulas, en los barrios, en las comunidades, haciendo un trabajo que debería contar con financiación más estable y estructural.

El segundo tema urgente es la pobreza menstrual. En España, entre el 20 y el 22% de las mujeres ha tenido dificultades para acceder a productos menstruales por motivos económicos, y casi 2 de cada 10 chicas de entre 14 y 25 años han faltado a clase por no poder costearlos. Necesitamos un acceso real y universal a productos de gestión menstrual más saludables, de manera asequible o gratuita. Hay referentes cercanos y recientes: Escocia lo hace desde 2022, Francia reembolsa productos reutilizables a menores de 25 años, y en España Cataluña llevó a cabo en 2024 un programa por el cual todas las mujeres pueden acudir a la farmacia más cercana y acceder a productos menstruales sostenibles de forma gratuita.

Y luego está la educación menstrual, que deje de ser algo opcional o anecdótico en los centros educativos. Necesitamos que forme parte del currículo, que se forme al profesorado, y que se empiece antes de los 10 años, porque nuestros datos muestran que la menarquia media ocurre a los 11 años: si empezamos a hablar de menstruación después, estamos llegando tarde.

¿Qué mensaje te gustaría dejar en este Día Internacional de la Salud Menstrual?

En los últimos años hemos avanzado y la salud menstrual está cada vez más presente en la conversación pública. Pero todavía queda mucho por hacer. Menstruar no debería ser un obstáculo para ninguna niña, ninguna adolescente, ninguna mujer. Ni para ir a clase, ni para hacer deporte, ni para hablar con libertad sobre lo que le pasa a su cuerpo.

Hablar de salud menstrual no va solo de menstruación: es hablar de salud, de derechos y de igualdad. Durante demasiado tiempo se nos negó información básica sobre nuestros propios cuerpos, y recuperar ese conocimiento también es recuperar autonomía.

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